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El maestro aparece cuando el alumno está listo

Deseo transmitirles por qué escribo sobre este pensamiento, que encontré en una de mis lecturas cotidianas.

Siento que cada uno de nosotros tiene un maestro que viene a enseñarnos y a ponernos a prueba. Pensamos que son solo personas, pero te diré que maestros son todas las situaciones que ocurren en nuestra vida.

Aparecen vestidas de oportunidades, muchas veces de dificultades y también personificadas.

Te ha sucedido que, tomando el ascensor en la mañana, caes en cuenta que dejaste las llaves de la puerta de tu casa sobre la mesa de noche y no hay ninguna persona dentro? En ese instante empieza tu gran maestro a mostrarte como reaccionas frente a una situación inesperada.

Te descompensas, vociferas y hasta te insultas. Es el maestro vestido de dificultad y, claro, como somos tan hábiles maltratándonos, brotan las palabras y las expresiones hirientes por habernos equivocado.

Pero en algún momento reflexionas y comprendes que el camino correcto es buscar y encontrar una solución, seguramente no inmediata, porque los compromisos ya adquiridos no dan espera, no se pueden aplazar. Aparece nuestro maestro vestido de oportunidad, que te regala una nueva mirada, un nuevo horizonte. Debemos solucionar la situación y nos volvemos recursivos. Ahora, después del malestar y la ira, llegan la serenidad y la luz, acompañadas de la enseñanza producto de la experiencia.

Y a la vuelta de la esquina encuentras el compañero de viaje, aquel con el que puedes desahogarte. El maestro personificado, que te muestra que no era tan grave la situación y que la solución estaba mas cerca de lo que imaginabas. Él no ha experimentado todo lo que has vivido y sin embargo, tiene la respuesta apropiada, la palabra precisa, la mano tendida.

Estos son los maestros que, con su sola presencia, nos permiten ver más allá de las sombras y vestir con el traje de la oportunidad, el cuerpo desnudo de la dificultad.

EL MAESTRO APARECE CUANDO EL ALUMNO ESTA LISTO. Simplemente debemos escuchar, entender y aceptar las señales, sin herirnos, ni estropear nuestros días.

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